AGENDA ABIERTA
Diciembre suele estar envuelto en luces, colores, cenas familiares, reuniones sociales y todo tipo de imágenes que evocan alegría, unión y celebración. Sin embargo, esta narrativa festiva muchas veces invisibiliza a quienes están atravesando momentos de dificultad emocional, duelo, enfermedad, rupturas o simplemente un agotamiento profundo.
Para muchas personas, la Navidad no representa un tiempo de celebración, sino de ausencia. Y no necesariamente por la pérdida física de alguien. Puede tratarse de una pérdida emocional, un cierre de ciclo, una distancia afectiva, una etapa de cambio o una sensación de no pertenecer.
Durante esta temporada, la diferencia entre lo que se espera sentir y lo que realmente se siente puede amplificar el malestar. Esa presión social de “estar feliz” puede generar culpa, vergüenza o incluso aislamiento en quienes no se sienten en sintonía con la alegría colectiva.
Desde la psicología clínica, sabemos que forzar emociones que no están disponibles en el momento presente puede aumentar los niveles de ansiedad y desconexión emocional (Neimeyer, 2016). En vez de aliviar, se profundiza el dolor.
En medio de ese ruido exterior, el acompañamiento emocional adquiere un valor terapéutico incalculable. Acompañar no siempre significa dar consejos o soluciones. A veces, lo que más necesita una persona es que alguien simplemente esté. Que no se aleje ante el llanto. Que no reste importancia al silencio. Que no fuerce una sonrisa.
La presencia emocional validante es, muchas veces, más eficaz que cualquier frase optimista. Saber que no tenemos que cargar solos lo que sentimos, que podemos poner en palabras lo que pesa, y que seremos recibidos sin juicio, puede marcar la diferencia en esta época del año (Rogers, 1961).
En consulta, escuchamos relatos de personas que se sienten en conflicto con la temporada navideña:
Quienes han migrado y están lejos de sus familias.
Quienes enfrentan una separación o divorcio reciente.
Quienes cuidan a un familiar enfermo y no tienen energía para celebrar.
Quienes simplemente no sienten conexión emocional con estas fechas, pero no lo dicen por miedo a ser malinterpretados.
Todos estos relatos son válidos. La salud mental no entra en pausa en diciembre. Y es precisamente en este mes que muchas personas necesitan con urgencia un espacio seguro donde procesar lo que viven.
No todas las navidades se viven igual. Y eso está bien. Es posible redefinir lo que significa esta época según nuestras circunstancias actuales, nuestros valores y nuestras necesidades emocionales (Wortman & Boerner, 2007).
Tal vez este año no se trate de celebrar, sino de sostenerse. Tal vez lo más importante no sea dar regalos, sino regalarse pausa, honestidad emocional y conexión auténtica.
En mi consulta psicológica, ofrezco espacios terapéuticos donde no es necesario “estar bien” para comenzar. Trabajo con adultos, adolescentes y familias que buscan acompañamiento real, humano y profesional para atravesar sus procesos, especialmente en épocas sensibles como esta.
Si este mes te pesa más de lo habitual, si sientes que necesitas apoyo para sobrellevarlo o simplemente deseas regalarte un espacio seguro para ser tú, estoy aquí.
Con respeto y humanidad,
Lcda. Myrna Ortiz-Rodríguez, Psicóloga.
Neimeyer, R. A. (2016). Techniques of grief therapy: Assessment and intervention. Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315747318
Rogers, C. R. (1961). On becoming a person: A therapist’s view of psychotherapy. Houghton Mifflin.
Wortman, C. B., & Boerner, K. (2007). Beyond the myths of coping with loss: Prevailing assumptions versus scientific evidence. In H. Neimeyer (Ed.), Meaning reconstruction & the experience of loss (pp. 137–153). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/11569-007